Escoltada bajo álamos centenarios y el rumor de las acequias, el acceso a nuestra localidad, situado en la vega del Genil junto a la desembocadura del río Cacín, destaca por su relieve suave y uniforme que sólo se interrumpe en aquellos trazos donde se encajan los arroyos.

Dedicada al olivar y al cultivo de regadío y huertas, conserva un importante sistema de riegos heredado desde época andalusí.

ORIGEN DE VILLANUEVA COMO NUCLEO DE POBLACION

A pesar de que el poblamiento de la tierra de Villanueva Mesía se produce desde los tiempos más remotos, no hemos podido identificar ningún topónimo árabe que se corresponda con el de la localidad. Documentalmente, eso sí, sólo podemos probar la existencia de un primer núcleo poblacional ya en época cristiana, tras la reconquista, el 7/12/1490, fecha en que se repartieron tierras en Huétor Tájar:

*(2600) A don Alvaro de Luna 700 fanegas que comienzan desde donde entra el agua de Milanos en el Genil hasta aquel cabo de las ventas, Genil arriba, a dar en el acequia alta, donde entra el agua del río Cacín, en un álamo grande () .

Ese * cabo de las ventas+ que se menciona no puede ser otro que el final occidental de los hoy llamados Tajos de la Granja. Esta descripción supone la existencia de unas ventas situadas aguas arriba de los citados Tajos. Unido esto a la tradición oral de que el actual pueblo se nucleó alrededor de una primitiva Venta del Río, podemos considerar, con razonable probabilidad de certeza, que existió un poblamiento cristiano, cuando menos inicial, en 1490; si bien nuestra convicción nos lleva a establecer que la referidas ventas eran, cuando menos, de origen musulmán según los restos, especialmente ladrillos y tapiales, que personalmente observamos al derruirse las mismas (antigua posada o mesón) hacia 1970.

De otra parte, en el deslinde de Loja con Granada de 20/9/1511 se vuelve a mencionar una venta, situándola encima del vado de Tájara que, como hemos visto, es el de Villanueva Mesía () .

El repartimiento de tierras en Villanueva Mesía se hizo con el de Montefrío meses antes de la conquista de Granada () . Estimamos probado que el repartidor fue Pedro de Santisteban, según consta en un documento suscrito por él mismo que acredita el recibimiento de una serie de mercedes, en pago, quizá, a sus servicios como repartidor.

La misma mención de una acequia (árabe cuando menos) que se describe en el primer deslinde de Loja (vid. deslindes de Loja como fuente....) es un dato que forzosamente nos lleva a la conclusión de la existencia de tierras de cultivo, durante el período musulmán, en los alrededores de la actual población.

La primera propiedad de que tenemos constancia, tras la reconquista, nos viene señalada por un error -acaso intencionado- en los repartimientos de Loja, cuyos límites con Montefrío quedaron establecidos, en un principio, en la acequia que riega la vega de las Viñas y la actual linde con Huétor Tájar. A pesar de existir los señalados límites, el día 6 de noviembre de 1491 se produjo, al parecer, una adjudicación de tierras, sin respeto a los referidos, a un adalid avecindado en Loja () :

En seis días de nobiembre de nobenta i un años, fiçieron donaçion los señores repartidores a Diego de Alcántara, veçino de esta çiudad, por satisfacción de lo que sirbió en traer los moros de Granada y en andar con ellos amojonando los términos de esta çiudad, e por el tiempo que sirbió andando con los medidores, midiendo las tierras, e viñas, e güerta e olivares de esta çiudad, para dar relación de todo a sus altezas, e por el tiempo que anduvo con los repartidores mostrándoles las tierras que se abían medido para repartir; lo qual todo fiço e sirvió a su costa, sin ningún salario. E fuele dado por satisfaçión de sus gastos y serviçios çien fanegas de tierra, ençima del vado de Táxara, en el camino de Íllora, a la mano derecha, que alindan con Guadagenil; e que le sea dado allí el cumplimiento de las çinquenta fanegas de tierra que a de aver de su veçindad, sobre las tierras que se fallare que tiene en Táxara de sequero, a linde del açequia, desta parte de Táxara, que a linde del camino de Granada. Lo qual mandaron asentar en este libro() .

Además de la dicha, Diego de Alcántara recibió varias mercedes más en otros lugares.

Según el padrón de Loja, elaborado en 1491, conocido como * Padrón Áureo+:

*Diego de Alcántara e Elvira Fernández, su muger, vinieron de Luçena e se avecindaron en maio de ochenta i seis, a veinte i çinco del dicho mes [sic]+ () .

Otra interpretación del * Padrón Áureo+ nos la aportan R. del Rosal Pauli y F. Derqui del Rosal () . Estos autores, posiblemente a la vista del error del referido documento, en que se da como avecindado a nuestro adalid cuatro días antes de la conquista de la ciudad, prefieren, prudentemente, silenciar la fecha:

*Diego de Alcántara, caballero, y Elvira Fernández, vinieron de Lucena y se avecindaron [sin fecha]... En 7 de Mayo de 90, le dieron posesión de dos tiendas en la Plaza, por merced de SS. AA. [fol. 161]. Fue uno de los medidores de las tierras repartidas. Suegro de Diego de Melguizo y de Rodrigo de Barahona+.

El vado de Taxara, como ya hemos visto, figura en los deslindes de Loja con Montefrío, como el que existió en la parte baja de la calle Real de Villanueva Mesía. Los términos de Íllora, Montefrío y Tájara, se juntaban, en el primer deslinde, * en una costezuela a la boca de Talancos+ () . Este camino a que hace alusión el repartimiento tal vez sea el que discurría por la actual carretera que va de Villanueva Mesía a Tocón-Íllora. Por otras fuentes documentales sabemos que había, y aun subsisten, otros dos caminos a Íllora: los actuales del Olivar y Realenga, ésta un poco más al Norte de la población. Si Diego de Alcántara obtuvo ciento cincuenta fanegas de tierra entre el camino de Íllora, a mano derecha, y el Genil, por encima del vado de Villanueva; habremos de deducir forzosamente que aquellas tierras, en cualquier caso, habrían de formar parte después del cortijo de Cazín y luego de Talancos, así llamados en los primeros tiempos, y su situación sería entre uno de los dos caminos -o la Realenga- y el río Genil, pero siempre situados al Este de la calle Real. Personalmente estimamos que estas tierras, que comprendían la mitad del actual casco urbano, debieron estar a la derecha de la actual carretera de Tocón, hasta Talancos y, arroyo abajo, hasta el Genil.

Lázaro de Peralta () teniente de alcaide de la Alhambra y hombre de confianza del conde de Tendilla (Capitán General de Granada y alcaide de la expresada fortaleza) y, además, jurado de una de sus parroquias; fue, como hemos visto, el comprador todas las tierras repartidas en Villanueva, cuando el repartimiento de Montefrío, ello en posible contravención de la R.C. de los RR.CC. que más adelante tratamos, formando con las mismas una finca de cierta dimensión, o cortijo, con el nombre de Talancos () , que vendió en 1509 a Juan de Simancas () .

J. de Simancas siguió una política de compras, así en 1532 adquirió de Alonso Sánchez 4 caballerías de tierra, de a 10 fanegas cada una, en la vega de Orutos, procedentes de las repartidas por los RR.CC. en Loja a diversos escuderos. Se afirma también, quizá erróneamente, que formaron parte de las tierras de Villanueva otras 70 fanegas compradas a don Diego de Santillán y su familia, procedentes de una merced de los RR.CC. a don Gómez de Santillán () , el que dió su apellido al pueblo de Huétor para formar el actual de Huétor Santillán, del que fue propietario () . Las demandas de usurpación no cesaron a pesar de la primera sentencia favorable del Doctor Santiago en el año 1563, al siguiente año fue desposeído Luis de Simancas, hijo de Juan, de 37 fanegas que luego darían lugar a composición de don Alonso con la Corona para su recuperación () . Don Francisco Mesía Arias de Mansilla y Pérez de Herrasti, hijo, como sabemos de don Alonso compró, el 5 de febrero de 1610, a Juan Martín del Arco, Alonso Moreno del Arco y Martín del Arco, herederos todos de Francisco del Arco, un cortijo -con encinas- de 181 fanegas a razón de 10 ducados cada una y las encinas a 4 reales c.u., enclavadas en su propiedad () . Nuestra sospecha es que se tratara del que hoy existe como cortijo del Arco, cuyo emplazamiento tiene todas las características de una alquería árabe tal cual la describe Ibn Luyun en su tratado de agronomía. En el manuscrito de los Caballeros Veinticuatro de Granada () puede leerse que en la reorganización del Ayuntamiento de la ciudad, llevada a cabo mediante Carta de Privilegio de creación de 20/9/1500, aparece Juan de Simancas, * señor de Villanueva+; pero en otro ejemplar de dicho manuscrito que se conserva en el archivo de la Real Chancillería de Granada, se le llama * Señor de Menda+, lo que nos lleva a pensar, no sin razón, que el segundo topónimo es erróneo debido a un tardío conocimiento del personaje por parte del autor del referido texto, dado que Juan de Simancas compró el Cortijo de Talancos a Lázaro de Peralta en 1509.

Juan de Simancas, segundo propietario de Villanueva, fue caballero 24 de Granada y Escribano del Crimen de su Real Chancillería () . A éste representó en Villanueva su hijo Luis de Simancas () -en cuya época se construyó la primera barca en el río Genil- y a continuación ostentó la propiedad el hermano de este último, Juan de Simancas que, junto con sus hijos Juan y Luis, es el que vendió la finca a don Alonso Mesía el 17 de junio de 1577, en precio de 5.850.000 maravedís, equivalentes a 15.600 ducados () .

EL SEÑORÍO DE VILLANUEVA MESÍA

  Conquistada Granada, entre 711 y 713 por Abdelazis, hijo de Muza, las organizaciones territoriales estuvieron en función de circunstancias políticas, económicas, étnicas e incluso estratégicas. Por ello no cabe hablar de una sola organización o división territorial, sino de sucesivas organizaciones, que van desde el Califato de Córdoba, pasando por los reinos de Taifas, hasta llegar a la época nazarí , en la cual la división territorial fue como sigue () :

Coras o Galiatos, equivalentes a regiones o provincias. La cora de Elvira correspondía sensiblemente a la provincia de Granada, con excepción de Alhama y Zafarraya.

Cada cora, a su vez, se dividía en climas o tahas (caso de la Alpujarra), que equivalían a comarcas, de las que en Granada se relacionan 33. Granada no solo era la capitalidad de la cora, sino que también constituía un clima, el de Elvira, que abarcaba la mayoría de la Vega y gran parte de la provincia, incluyendo los Montes Occidentales.

Los climas quedaban subdivididos en alhauces o términos, de los que se deriva el castellano " alfoz".

 En la Vega de Granada se localizan los climas de Elvira (distrito de la ciudad), Táchara Algebal (o Táchara del Monte, con capitalidad en Loja), Camb Cais (Quempe o Temple) y el de Fornex con el castillo de Sojaira (Zujaira, o la Zahora) () .

La tierra de Villanueva Mesía (el pueblo no existía como núcleo urbano) no perteneció a Loja, sino, como la mayoría de los pueblos de la Vega y Montes Occidentales, fue jurisdicción de Granada, dentro del término de Montefrío, división territorial que se mantuvo en época cristiana. Granada, además de capitalidad de la cora, constituía un distrito más de esta, tal como siguió ocurriendo tras la conquista, época en que el municipio de Granada abarcó casi toda la provincia excepto Guadix, Baza, Huescar, Loja y Alhama; ciudad esta última que, junto con Zafarraya, no perteneció a la cora granadina durante la época musulmana, tal como hemos dicho, sino a la de Rayya (Málaga).

La existencia de acequias y cortijos cercanos al actual casco urbano en los repartimientos de Loja, da fe cierta de que el territorio donde hoy se asienta Villanueva Mesía, estuvo poblado de cortijos (maysar o machar en árabe) y sus inevitables labradores.

Tras la conquista de Loja, ocurrida en 29 de mayo de 1486, la tierra de Villanueva constituyó durante casi seis años una banda fronteriza en la cual las incursiones de los granadinos no eran infrecuentes, situación que, naturalmente, terminó con la conquista de Granada el 2 de enero de 1492.

  

(Extraído del libro "El señorío de Villanueva Mesía" Autores: José Cuevas Pérez y José Julio Cuevas Gómez de la Tría)

 

 

EL SEÑORÍO DE VILLANUEVA MESÍA

  Como culminación de la serie de no muy explícitos u ocultos propósitos e intrigas,  el 30 de octubre de 1615 se firmó, entre el Cabildo de Granada y don Francisco Mesía, la escritura de transacción que posibilitaba la constitución del señorío de Villanueva Mesía. Fueron testigos de la misma los tres porteros del Cabildo granadino: Gabriel Maldonado, Gaspar de Herrera y Luis de Herrera. Por parte del Cabildo lo hicieron el Corregidor Don García Bravo (de Acuña), el Alcalde Mayor don Fernando Zapata y los Regidores don Juan Arias de Mansilla, don Juan Ordóñez de Palma, don Francisco Mesía Arias, don Miguel Abellán de Haro, don Gaspar de Píñar, don Francisco Fernández Zapata, don Mateo de Oviedo, don Juan de Bazán Mendoza, don Pedro Guillén de Contreras y Aranda, don Juan de Utrillo, don Luis de la Fuente y Hoces, don Andrés de Ceballos y don García de Rivera Castellón; todos ante el escribano don Rodrigo Tapia de Vargas.

Al hacerse necesario, por otra parte, el sometimiento de lo acordado a la aprobación real, seguidamente ambas partes otorgaron poder, para su presentación ante el rey, a favor de Baltasar de la Corte -por los miembros del Cabildo- y de Juan de Salazar, contador de S. M. en Madrid -por don Francisco Mesía-.

El rey Felipe III aprobó lo concertado, el 17 de mayo de 1616. Parece ser que en Granada no se dieron excesiva prisa, por ninguna de las partes, en ejecutar el acuerdo de transacción, hasta 1620. Si bien es cierto que en todo este tiempo, casi tres años y medio en que no constan actuaciones, sobrevino la enfermedad de don Francisco Mesía hasta que en 1619 acaeció su muerte. Así pues, tras el largo silencio procesal, se produjo la comparecencia ante escribano el día 15 de febrero de 1620 de don Gaspar de Píñar, Veinticuatro de Granada, y de don Francisco Rodríguez Zatorre, jurado, así como de don Alonso de Loaysa, sucesor del Mayorazgo; todo ello al objeto de manifestarse como decimos, sobre la procedencia de ejecutar la escritura de transacción.

 

 

LA BARCA DE VILLANUEVA MESÍA

  En el Catastro de Ensenada de 1751 aparece la barca del río Genil dibujada en la panorámica, un tanto "naif", que representa el casco urbano, como situada en el mismo lugar en donde luego se construiría el primer puente: la actual calle del Río. En el citado año la renta que producía, por derechos de barcaje, era de 50 ducados, equivalentes a 550 reales. Constaba como propiedad del carretero local Francisco Escamilla. Por la misma podían pasar * bestias y personas de labranza; mas no carruajes, al objeto de beneficiar sus labores al otro lado del río+.

Perspectiva de Villanueva Mesía. Catastro de Ensenada, año 1751

Francisco Escamilla, temprano prototipo del pluriempleo, era, además de carretero y barquero, Ministro Ordinario (especie de alguacil) y guarda-celador de los montes, alamedas y sembrados. Esta barca, cuya construcción hemos tratado en el siglo XVI, debió seguir funcionando hasta después de mediado el siglo XIX, como después veremos. Fue sustituida por un puente, costeado y mantenido por el Ayuntamiento, que duraría hasta 1924. Dicho puente estuvo en el mismo lugar de la barca. Por su uso se percibía el derecho de pontazgo a satisfacer por los forasteros (los del pueblo no pagaban), medida que dio no pocos quebraderos de cabeza al último cobrador conocido: Antonio Guerrero, más conocido y nombrado por * Antoñico el de la Puente+, el cual alguna vez hubo de apoyar sus argumentos recaudatorios, ante los forasteros reticentes, en una pistola de dos cañones que, para este tipo de emergencias, guardaba en su faja. Antoñico, como gato escaldado, se prevenía así contra el truco de picar espuelas a las caballerías o dar un latigazo a los animales de tiro, cuando de coches de caballos se trataba, en lugar de aflojar la bolsa y pagar el pontazgo. Como diría Napoleón: * ( Poderosa razón es la razón de la fuerza!+.

Parte del pilar central y del estribo derecho del mencionado puente, se conservaron hasta 1975, año en que se construyó la calzada en la calle del Río, en donde estuvo situado. Su utilidad alcanzó a marzo de 1924, año en que una riada lo dejó en seco. El pueblo permaneció aislado hasta 1969 en que se construyó el actual puente.

La barca daría a Villanueva Mesía el sobrenombre por el que fue conocida en el siglo XIX: Villanueva de la Barca.

LOS MEXÍA, MESSÍA, MESÍA O MEJÍA

  EL APELLIDO MESÍA

La historia del señorío de Villanueva Mesía está ligada a una serie de apellidos que, por su interés, trataremos de estudiar por un orden cronológico del mayorazgo, luego señorío, siendo el primero que nos ocupa el que se añadió al de Villanueva hasta formar el nombre compuesto actual.

La diferente ortografía que aparece no implica, desde luego, distintos apellidos, sino uno sólo, el mismo: al no existir en tiempos pasados reglas ortográficas, cada cual transcribía los fonemas como mejor podía entenderlos. Salvo en los textos literales y algunos epígrafes siempre hemos preferido emplear la grafía Mesía sobre las demás.

Para el estudio de este apellido, hemos realizado una dilatada búsqueda, cuyo resultado ha sido el de hallar algunas obras que nos han permitido un estudio completo del origen del solar y apellido de los Mesía () .

Para la mejor comprensión de la leyenda e historia de los Mesía es obligado señalar las situaciones geográficas de la provincia romana de Mesía así como del municipio del mismo nombre en Coruña:

LA MOESÍA, MESÍA O MISÍA

Fue una provincia romana, situada en el Danubio inferior, que se extendía desde la desembocadura del Savus (Save) hasta el mar Negro; aproximadamente correspondía al área que hoy ocupan Servia y Bulgaria.

En los tiempos más antiguos tuvieron allí su asiento las tribus tracias de los tribalos, misios y getas, junto a las cuales, en 277 a. de J.C., se domicilió la tribu celta de los escordiscos.

Los romanos empezaron a hostilizarlas en el año 75 a. de J. C., sometiéndolas el 29 a. de J. C. En tiempo de Tiberio, la Mesía, provincia romana desde el año 6 d. de J. C., hubo mucho de padecer a causa de dacios y sármatas.

Domiciano dividió la provincia en Superior e Inferior, conformando sus límites el río Almus (Lom). Formaban la Mesía Inferior (57 d. de J. C.) la región costera del Mar Negro hasta más allá del Tyras y la actual Rumanía, al E. del Oltu, en tanto que la Mesía Superior comprendía la Dacia Occidental entre el Danubio y el Maros.

En el año 375, el emperador Valente señaló la Mesía como lugar de residencia a los ostrogodos arrojados de su país por los hunos. Más tarde llegaron los eslavos (siglos V al VII), quienes fijaron su asentamiento preferentemente en la Mesía Superior y, finalmente, se posesionaron del país los búlgaros.

Las ciudades principales eran, en la Mesía Superior: Viminacium (Kostolatz), Singidunum (Belgrado), Naissus (Nisch) y Ratiaria (Artscher); y en la Mesía Inferior, Tomi (Kustendsche), Oescus (Gigen), Durostorum (Silistria), Nicópolis ad Hamum (ruinas cerca de Nikup) y Marcianópolis (Dewna) en el interior.

 EL MUNICIPIO DE MESÍA

Éste corresponde a la provincia de la Coruña, diócesis y partido judicial de Santiago (antes de Órdenes). La cabecera es la aldea de Vila (parroquia de San Sebastián de Castro).

Es un municipio con superficie de 10.579 Has., 388 m. de altitud y 5.167 habitantes aprox. y formado por las siguientes parroquias:

1) Santa Marina de Albijoy.

2) Santiago de Bascoy.

3) Santiago de Boado.

4) San Lorenzo de Bruma.

5) San Martín de Cabruy.

6) San Sebastián de Castro.

7) Santa María de Cumbraos.

8) San Salvador de Juanceda.

9) San Mamed de Lanzá.

10) San Cristóbal de Mesía.

11) San Lorenzo de Olas.

12) San Martín de Visantoña.

El mayor núcleo de población, Couto (parroquia de San Salvador de Juanceda), está situado en la falda de la sierra de Tieira, al norte del Tambre, cuyo terreno, ya montañoso, ya llano, es regado por el río Samu, afluente del Tambre () .

 

 

LA CONSTITUCIÓN DEL MAYORAZGO DE DON FRANCISCO MEXÍA

- 4.000 ducados de un censo contra la ciudad de Granada y sus propios () .

Por lo que se refiere al Mayorazgo fundado en la cabeza de don Francisco Mesía, fue a partir de 1820 cuando se inició el proceso desvinculador, que adquirió plena firmeza en 1836, año en que el mayorazgo comenzó a dividirse, ya fuese por sucesiones, ventas a labradores o por redención de censos. De este modo, se inició en la localidad una posibilidad de reforma estructural de la propiedad agraria, que en otro apartado tendremos ocasión de ver con detenimiento.

 

 

EL CERRO DE LA MORA Y SU ANTIGÜEDAD

  El yacimiento del Cerro de la Mora (a 2,5 km. de Villanueva Mesía), considerado como uno de los más importantes de Andalucía, ha sido investigado por un equipo dirigido por el profesor de Arqueología y Prehistoria de Granada, Javier Carrasco Rus, y dadas sus conclusiones a la publicidad periodística por María Dolores Fernández-Fígares en Ideal de Granada de fecha 10-11-1986.

Su importancia radica en que viene a corroborar el antiguo poblamiento de esta zona de la Vega en la época final del Bronce. Se estima que estuvo habitado de forma ininterrumpida desde 1700 a 790 a. de C.. Es más, la abundancia de restos encontrados nos muestra el Cerro de la Mora -por algo es su nombre- como un lugar de sucesivo asentamiento de fenicios, romanos, visigodos y musulmanes.

El arqueólogo Mauricio Pastor opina que pudiera tratarse de una ciudad llamada *Vesci Faventia+, localizada cerca de Ilípula -la actual Loja-. Apoya tal suposición en el hallazgo de monedas con la leyenda *Vesci+. Las fíbulas del Cerro de la Mora y las halladas en la ría de Huelva, fechadas en 850 a. de C. son prácticamente iguales, con la única diferencia que las del Cerro de la Mora se datan en 1.800 a. de C., circunstancia que hace pensar en la posibilidad de revisar la cronología de la cultura de Tartesos, con la que, de seguro, debió existir algún tipo de relación.

Los restos cerámicos del yacimiento de referencia dan idea de una cultura posterior a la de El Argar. Las espadas y otros utensilios de bronce hacen suponer, además, la existencia de un floreciente comercio del estaño. Por otra parte aparecen vasos trípodes de origen fenicio, al igual que en el Cerro del Castellón en Huétor Tájar.

 

 

PREGONES Y PERSONAJES DE TIEMPOS PASADOS

PREGONES Y PERSONAJES DE TIEMPOS PASADOS

En nuestro tiempo, son los medios de comunicación social, -prensa, radio, T.V. - el buzoneo, equipos móviles de altavoces, etc.; los instrumentos de propaganda de cualquier mercancía. En tiempos pasados, faltos de las tecnologías actuales; el único, o casi único, medio de promoción de un producto o servicio; especialmente en el ámbito rural, era el pregón que, por otra parte, no atendía al exclusivo interés comercial; sino que hasta los ayuntamientos solían tener su pregonero que, al son de la trompeta, convocaba al vecindario y le trasmitía las noticias oficiales de interés general -bandos, plazos de cobro de impuestos, etc. -quizá con mayor eficacia que los actuales tablones de anuncios que nadie reconoce leer con interés o, simplemente, leer-.

La eficacia de los pregones, la originalidad, no residía en el contenido sino en la forma peculiar del enunciado; ya que por el tono, más que por las palabras, -ininteligibles a veces - eran entendidos o interpretados por la audiencia.

Algunos de los pregones mas significativos, correspondientes a recuerdos de nuestra niñez, son los correspondientes a los personajes que siguen.

EL AFILADOR

Los afiladores de cuchillos, navajas, cuchillas para máquinas de picar carne y tijeras; solían ser gallegos y, en menor medida leoneses, que deambulaban de pueblo en pueblo, con mayor asiduidad en la época precedente a las matanzas, anunciando su oficio con una flauta de Pan (), solo confundible con la del capador, cuyo sonido característico era, por sí solo, toda una antología del pregón que hacía innecesarias las palabras, aunque a veces también se usasen. Tan característico como el sonido de la flauta era el carrillo, provisto de una rueda ferrada que cumplía la doble función de transporte y motriz, ya que unida mediante una biela al pedal y por una correa a la muela, producía las suficientes revoluciones para cumplir su cometido. Hoy los afiladores suelen ir motorizados, con lo que la profesión ha ganado en movilidad cuanto ha perdido en tipismo.

Recordamos a uno de los últimos afiladores gallegos, creemos que el último, llamado Venancio, el cual inauguró con su muerte triste y solitaria el edificio escolar de la C/. Lope de Vega.

Con el mismo instrumento solían anunciarse, en otros lugares los capadores; si bien en Villanueva no lo recordamos, al menos de 50 años a esta parte.

EL LAÑADOR

En nuestra época consumista cuesta pensar que ollas, lebrillos, fuentes y pucheros de cerámica se repararan uniendo sus partes mediante lañas metálicas y tapando las grietas con cal grasa para redondear la operación. Todavía es frecuente ver, en algunas casas, piezas que pasaron por las manos de uno de estos artesanos que, valiéndose de un rudimentario berbiquí de inercia (bombín), ponían las correspondientes lañas a la loza fracturada o agrietada; eso si, con una técnica envidiable de taladrado oblicuo y lañas de puntas convergentes, que encajaban al primor, revocadas con la ya citada pasta; quedando la vasija como nueva.

Su pregón era:

(El lañaoooor! (Se lañan los lebrillooos! (El lañaoooor!

LOS PIPOS DE PASCUAL

Pascual era un vendedor de pipos, cántaros, botijas, lebrillos y otras manufacturas de barro cocido, que recorría la comarca con sus burros, provistos de angarillas y cargados de mercancía. Frecuentemente, iba acompañado de su esposa, a la que por ignorar su nombre la denominaban como Pascuala. A veces le acompañaba su hijo, que vivía hace unos años en Huétor Tájar y esperamos que lo haga por muchos más.

El pregón, normalmente, era:

(Cántaros y pipos de la Ramblaaa! (Pipos de la Ramblaaa!

LAS UVAS

Por el otoño solían venir arrieros que vendían uvas blancas y tintas con este pregón:

(Uvas jerezanas güenaaaas! (Pa comer y colgar......! (Qué uvaaaas!

GARBANZOS TOSTADOS

El vendedor por excelencia era un salareño o hueteño apodado " Characha", cuyo negocio consistía en cambiar garbanzos tostados por crudos. Aparentemente las medidas de comprar y vender eran iguales; pero no era así ya que la de los tostados tenía un relleno que la hacia menor. Unido esto a la diferencia de peso entre crudos y tostados, fácilmente se adivinaba el lucro de tan débil negocio. Se pregonaban así:

(Garbanzos tostaoooos! (Los cambio a Cruoooos!

EL PERFUMISTA

El más antiguo que conocimos (y que, por cierto, no tenía nada que ver con Paco Rabanne ni con Cocó Chanel) era un tal Ginés, murciano de blusón largo, regordete, de nariz aquilina y mentón prognático; que pregonaba de este modo:

(Jabones, colonias, brillantinas, colofoniaaaaas!

LOS CASTAÑEROS

Solían venir de la Alpujarra o de la costa malagueña de la Axarquía. Vendían por medios celemines o cuartillos al tiempo que también cambiaban su mercancía por maíz de la última cosecha, medida por medida. Este maíz, llevado a su lugar de origen, era convertido en harina, base de las riquísimas migas que en todas nuestras costas mediterráneas se elaboran con un arte inigualable.

Solían aparecer cerca de la Navidad y su pregón era:

(Castañaaaas! (Las cambio a maíííz!

EL TRAPERO

Eran muchos los que venían por los pueblos. Uno de ellos se afincó en Villanueva, era Miguel García, conocido en Granada por el apodo de el Pinto, antiguo mozo de la plaza de toros de la capital. Miguel era hombre huraño y de fuerzas descomunales. Para no cargar demasiado su burro, cargaba él con dos enormes canastas alargadas, llenas de baratijas y chucherías; carga que aguantaba durante kilómetros, en silenciosa apuesta con su burro. Un hijo suyo, José García Ortega, le acompañaba a temporadas y, debido a su simpatía, pronto hizo amigos entre los del pueblo. La habilidad de éste jugando al fútbol era notoria, como también lo era su físico, fuerte como su padre, que le hizo acreedor al mote de Pisones. Por mas señas, jugaba descalzo para no romper las alpargatas.

Los pregones más usuales de los traperos eran:

(Buscar por los rincones que crían chinches y ratones.... El traperooo!.

(Cambio los trapos viejos, las alpargatas viejas, la ropa vieja, los pellejos de conejooo!

Otro de estos traperos fue Eusebio Andrés Pérez, aprendiz de sastre oriundo de Pedrajas de San Esteban (Valladolid), que vivió en Villanueva, huido de su pueblo en 1942, a causa del temor a las persecuciomes consiguientes a su actuación -no creemos que grave- en la Guerra Civil. Hombre de un infantilismo tal que, en ocasiones, no se sabía hasta dónde era real o fingido. De lo que no cabe duda es de su apodo: Zacatás.

EL HELADERO

El más cualificado y casi único, en nuestra niñez, fue Miguel Ordóñez. Ejercía casi exclusivamente los días de Santiago y de la Asunción de Nuestra Señora. Elaboraba su helado mantecado en un elemental artilugio, con hielo traído de Loja o Granada. Lo interesante de Miguel no era el pregón; sino el cómo lo decía, con su ojo averiado en un incierto amanecer, por el escopetazo de un compadre que le confundió con un conejo; y aquellos andares, de los que debió imitar Walt Disney los de su pato Donald; a más de su natural gracejo y su memoria llena de chistes e historietas, casi todas reales, con las que obsequiaba a su audiencia. A tal punto llegaba la gracia de Miguel Ordóñez que, viviendo en Moraleda, se puso a contar sus ocurrencias en la plaza, dando lugar a que un buen número de trabajadores perdieran el jornal por no ser capaces de abandonar a tiempo a tan singular y gracioso personaje. Su pregón:

(Helao mantecao! (Qué riquillo está!

Pregón que resuena todavía en los oídos de quienes tuvimos la suerte de escucharle y... de adquirir su mercancía hecha a base de leche de cabra, canela y azúcar; todo ello exento de colorantes, estabilizantes, edulcorantes artificiales, conservantes, aromatizantes, potenciadores del sabor y demás porquerías actualmente autorizadas para envenenar los infantiles estómagos en aras de la civilización y la tecnología.

EL REPARADOR DE COLCHONETAS

Las telas metálicas de las antiguas colchonetas cedían mucho y no todos disponían de útiles para repararlas. De aquí nació una profesión ambulante que se pregonaba en la siguiente manera:

(Se atirantan colchonetas, se arrecortan, se echan muelles!

EL HOJALATERO

Eran muchos los que, ejerciendo la profesión venían a Villanueva Mesía; pero, sin duda, el más célebre era * Miguel el Latero+, vecino de H. Tájar, que siempre venía con su * Mercedes+ (su mujer, se entiende, dadas las circunstancias), gitana como él, pequeñaja y picada de viruelas. Contrastaba con la corpulencia de aquel gitanón que era su marido. Padecía Miguel de una artrosis, de posible etiología alcohólica, la que le obligaba a caminar de una manera peculiar, bamboleándose sobre las puntas de los pies, sin doblar las rodillas.

Miguel era un tipo simpático y chistoso, de generosos bigotes y voz naso-aguardentosa; gastaba parte de sus parcos ingresos en tomarse unos cuantos * trimotores+ de vino blanco que le iba acercando su Mercedes al mismo ritmo de las ollas que recogía de las vecinas para reparar - gobernar, decía él-.

Ella, Mercedes, recogía los encargos y cobraba los parches y soldaduras que suMiguel efectuaba con los soldadores de cobre, calentados en el anafe con carbón vegetal y la barrita de estaño. Su pregón, inconfundible por la voz ya descrita, era:

(El laterooo! (Se arreglan las ollas de porcelana, se echan culos nuevos!

Los remaches de hojalata, en forma cónica, que hacía Miguel a partir de un pequeño cuadrilátero de hojalata, se acercaban a la perfección, o al milagro, si tenemos en cuenta los instrumentos utilizados en su confección: una regleta agujereada en calibres crecientes y un viejo martillo.

COMPRADORES DE VIEJO

Su pregón mas usual era:

(Compro la lana vieja el metal viejo, el cobre viejo, las camas viejas y los pellejos de conejo.!

EL SILLETERO

El más caracterizado fue Vargas, quizá de Huétor Tájar, cuyo pregón era ininteligible por las palabras; sin embargo su tono era tan inconfundible que, a pesar de la parquedad del léxico, nadie dudaba de quién lo hacía. Así de sencillo era:

(Gobenarsiii! (gobernar sillas).

Su trabajo consistía en poner asientos de anea (espadaña) o en sustituir los palos de las sillas por otros nuevos, elaborados * in situ+ a base de madera de chopo.

EL CALERO

Era creeencia generalizada el relacionar la venida del calero con la inminente lluvia. Su pregón era:

(A la cal de blanqueooo! (Amos niñas a la caaal!

EL VENDEDOR DE HILOS

Solía anunciarse así:

(Hilos, ovillos, bobinas, carreteees!

EL SOMBRILLERO

Cuando no existía la gran oferta y baratura de paraguas, fabricados en el sudeste de Asia, el mejor recurso para hacer durar indefinidamente a un paraguas era su reparación a manos de especialista: el sombrillero. Su pregón era bien simple:

(Sombrillerooo!

EL VENDEDOR DE BOLLOS

Estos dulces se hacían en Huétor Tájar y Loja y de estas poblaciones venían sus vendedores, generalmente muchachos, el más significativo de los cuales era el conocido por Moroya, que se anunciaba así:

-(Bollullos a gunda! (bollillos a gorda = 10 céntimos).

Otro vendedor de chucherías alimenticias fue el lojeño Salomón, hombre manco y gracioso como pocos que, con voz entre cantarina y enronquecida, es decir indefinible, anunciaba su también indefinida mercancía con la ambigua denominación de:

-(Truquimonis!

TORTAS DE LA HABANA

Con el mismo titulo se anunciaban unas obleas grabadas, de nulo peso y unos 20 cm. de diámetro; teñidas de los mas diversos colores, posiblemente con anilinas.

EL PESCADERO

Su pregón era tan variable como las especies puestas a la venta en cada día.

El más característico de todos los que pasaron por Villanueva Mesía fue Antonio Henestrosa, mas conocido por Ciriaco, hombre que celebraba sus buenas ventas o lamentaba su mal negocio de la misma manera: tomando copas hasta que su burro, humilde servidor, le llevaba a su casa en un equilibrio precario; a pesar de lo cual no conocemos de sus caídas. Algunos de sus pregones eran:

-(Pescá y cazón! (Niñas, a los boquerones! (Qué vivos los traigo hoy!

LOS MELEROS

Eran éstos hombres curtidos, casi todos arrieros de profesión, vestidos de gruesos pantalones de negra pana y chaquetas de grueso paño, negra faja a la cintura y gorra del mismo color las más veces, y cuyo origen solía ser Frigiliana, Torrox o Nerja, que en sus ingenios y trapiches azucareros obtenían la dulce mercancía constituida por la miel caña.

La miel, transportada a lomos de caballerías, venía en pellejos curtidos de cerdo o de cabra, por una de cuyas patas surgía, tras desatar una apretada y pringosa cuerda, el lento y dulce chorro de esta mercancía, mientras el melero pregonaba...

(Miel de calderaaa!

En los tiempos de escasez hasta se utilizaba para endulzar los sucedáneos del café -malta y cebada tostada-. La principal utilidad alimentaria de la miel de caña consistía en comerla junto con el queso fresco- como excelente postre- o junto al aceite de oliva en cuya mezcla se mojaba el pan, cuando lo había. Igualmente se utilizaba para acompañar las insípidas gachas de harina de trigo (o de lo que fuera), y así darle un toque de dulzura a lo amargo de aquel tragoque constituía el tomar este alimento tan poco apetitoso cuya receta, afortunadamente, reposa en el más merecido de los olvidos culinarios -por no ser precisamente el buque insignia de la tan merecidamente celebrada dieta mediterránea-.

En nuestro tiempo, son los medios de comunicación social, (prensa, radio, T.V.) correo electrónico, equipos móviles de altavoces, etc.; los instrumentos de propaganda de cualquier mercancía. En tiempos pasados, faltos de las tecnologías actuales.

 

 

DIVISIÓN TERRITORIAL MUSULMANA

  Conquistada Granada, entre 711 y 713 por Abdelazis, hijo de Muza, las organizaciones territoriales estuvieron en función de circunstancias políticas, económicas, étnicas e incluso estratégicas. Por ello no cabe hablar de una sola organización o división territorial, sino de sucesivas organizaciones, que van desde el Califato de Córdoba, pasando por los reinos de Taifas, hasta llegar a la época nazarí , en la cual la división territorial fue como sigue () :

Coras o Galiatos, equivalentes a regiones o provincias. La cora de Elvira correspondía sensiblemente a la provincia de Granada, con excepción de Alhama y Zafarraya.

Cada cora, a su vez, se dividía en climas o tahas (caso de la Alpujarra), que equivalían a comarcas, de las que en Granada se relacionan 33. Granada no solo era la capitalidad de la cora, sino que también constituía un clima, el de Elvira, que abarcaba la mayoría de la Vega y gran parte de la provincia, incluyendo los Montes Occidentales.

Los climas quedaban subdivididos en alhauces o términos, de los que se deriva el castellano " alfoz".

 En la Vega de Granada se localizan los climas de Elvira (distrito de la ciudad), Táchara Algebal (o Táchara del Monte, con capitalidad en Loja), Camb Cais (Quempe o Temple) y el de Fornex con el castillo de Sojaira (Zujaira, o la Zahora) () .

La tierra de Villanueva Mesía (el pueblo no existía como núcleo urbano) no perteneció a Loja, sino, como la mayoría de los pueblos de la Vega y Montes Occidentales, fue jurisdicción de Granada, dentro del término de Montefrío, división territorial que se mantuvo en época cristiana. Granada, además de capitalidad de la cora, constituía un distrito más de esta, tal como siguió ocurriendo tras la conquista, época en que el municipio de Granada abarcó casi toda la provincia excepto Guadix, Baza, Huescar, Loja y Alhama; ciudad esta última que, junto con Zafarraya, no perteneció a la cora granadina durante la época musulmana, tal como hemos dicho, sino a la de Rayya (Málaga).

La existencia de acequias y cortijos cercanos al actual casco urbano en los repartimientos de Loja, da fe cierta de que el territorio donde hoy se asienta Villanueva Mesía, estuvo poblado de cortijos (maysar o machar en árabe) y sus inevitables labradores.

Tras la conquista de Loja, ocurrida en 29 de mayo de 1486, la tierra de Villanueva constituyó durante casi seis años una banda fronteriza en la cual las incursiones de los granadinos no eran infrecuentes, situación que, naturalmente, terminó con la conquista de Granada el 2 de enero de 1492.

  

(Extraído del libro "El señorío de Villanueva Mesía" Autores: José Cuevas Pérez y José Julio Cuevas Gómez de la Tría)

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